La última noche, Sputnik

421 0

Autor. Dolores Nyx

“Han pasado tantos días desde la última tormenta. A veces creo que la tierra poco a poco comienza a secarse. Son pocos los rastros del desastre; algunas grietas (profundas), y corazonadas agonizando en un perchero. Hay días que las cicatrices necias les da por vestirse de heridas. Heridas que respiran en mi contra.

Las mañanas con sabor a alfeñique se perdieron; no tenemos tardes de algodón. El show terminó cuando llegó la noche y las espinas volvieron a clavarse en mi espalda. Me duele caminar bajo la lluvia. Tengo tantos nudos atorados en mi garganta, que a veces me cuesta respirar, sé que mi voz lucha por llegar a la otra orilla; siento que la pierdo, también la calma.

Miro atrás. En un parque con flores marchitas, tira de un columpio la niña de seis años que ponía a temblar el mundo. Le he fallado, lo puedo ver en sus ojos. ¡Mierda! ¿Cómo fui a joderla? Siempre fue tan frágil, tan mágica, y ahora le ha dado por no volar más cometas. Es como si hubiera dejado de soñar. Me hubiera gustado salvarla. Llevarla a algún rincón veraniego, donde sus cabellos bailaran al son del viento, y la brisa del mar acariciara su rostro. Leer para ella hasta que se quede dormida, cuidarla un poco más de mí. No puedo evitar que la culpa me susurre al oído. Tengo miedo de saber que te conocerá, y entonces comenzará su cruz.

Son las 5:48 de la mañana. Un pensamiento de esos que me hacen esnifar miseria, me dejó sin tiempo de desayunar. Otra vez es viernes, otra vez es tarde. Mi abuelo dice que no se debe de andar a prisa, si algo es para ti, cruzará universos para chocar. Yo los hubiera cruzado, con tus brazos como estandarte. En todos los futuros posibles, te imaginaba. Todo a mi alrededor me gritó siempre que la distancia estaba hecha de nubes pasajeras, todo a mi alrededor me pedía alejarme, y entre más desaparecías yo más me aferraba a tu rastro. Tenía que dejarte ir, pero sonreías y yo le encontraba otra razón para quedarme. Hasta que desnudé mi cuerpo ante ti, y en bandeja de plata, te di las armas para acabarme. ¿Por qué no lo hiciste?

Te extraño, y no hay día que no le declare la guerra a tu recuerdo. Lo peor es que, aún con la puerta abierta, siempre decido quedarme.”

Deja un comentario